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jueves, 10 de febrero de 2011

Eppur si muove

Hay días que al sonar el despertador del móvil no sé ni el mundo en el que vivo. Nunca recuerdo cuál es el pie que apoyo primero sobre este frío suelo. Lo que sí recuerdo y, en ocasiones, consigue arrancarme una sonrisa mañanera, es el camino desde la cama hacia el baño, cómo voy dando eses hasta que mis ojos se abren por completo a la claridad de la mañana. Rara vez sé, en ese momento, el día en el que vivo. Luego vienen los hábitos que el tiempo nos va marcando: la ropa del trabajo, los zapatos, leer los titulares de los periódicos, buscar las llaves... Y nada más salir de casa tengo que mirar al cielo para saber y comprender que el mundo sigue girando. El mismo cielo que ven desde el norte de África. Que ven desde Tunez a Egipto. Y, a pesar de ser el mismo cielo, no son los mismos ojos desde los que se mira. Pues mientras que en esas tierras africanas bañadas por el Mediterraneo consiguen alzar la voz contra las injusticias de sus gobiernos, aquí seguimos callados y soportando cuestiones tan aberrantes como el hecho de tener que trabajar hasta los 67 años y haber trabajado durante 38 años y medio. Es el mismo cielo, pero no son los mismos ojos desde los que se mira. El mismo cielo que ve Omar Chuick, un malí que intentó saltar la valle de Ceuta, no para entrar en España, sino para huir de ella. Es el mismo cielo, pero no son los mismos ojos desde los que se mira.



Artículo publicado el 10 de febrero en Sanlúcar de Barrameda TVi

martes, 18 de enero de 2011

Una cortina de humo

Reconozco que el tema del tabaco se está poniendo tan pesado como el propio humo que nos tragábamos en los bares mientras comíamos. Pero necesitaba comprobar con mis propios ojos hasta que punto es cierto que las personas están concienciadas con esta cuestión. Así que ayer decidí llegarme al centro comercial y encender un cigarro. Al principio mi cara fue de asombro, pues ni siquiera las personas que pasaban a mi lado me miraban. Primera reflexión, el consumismo no nos hace ver más allá de los escaparates. Le voy dando las primeras caladas al cigarro cuando desde lejos veo que un guarda de seguridad viene en línea recta hacia mí. Segunda reflexión, Locke se equivocaba, no sería el hombre el que castiga al hombre, sino un guarda de seguridad. Nada mas llegar a mí, sin dudar, me “invitó” a apagar el cigarro o a irme de allí. Entonces empecé a explicarle la idea de por qué estaba haciendo aquello y la curiosidad le picó y mantuvimos una pequeña conversación; hasta que llegué a plantearle que yo no tenía por qué tragar el humo de las personas que como él fumaban en los bares mientras yo comía. En ese momento se quedó callado, mirando a no sé donde. Cuando volvió en sí sólo reaccionó para echarme de las instalaciones mientras “amablemente” me cogía del brazo. Ahí lo comprendí todo y llegué a la tercera reflexión, para mí la más importante. Esta ley sólo es una cortina de humo, ya que mientras hablamos de ella no pasa nada, pero en el momento en que hablamos alto y claro de los problemas reales nos echan. No, no se puede hablar del paro y de las consecuencias que conlleva y azotan a nuestras familias. De eso no se puede hablar, del tabaco sí. Nos veremos en la próxima concentración y no será por el tabaco.


Artículo publicado el 16 de enero en Sanlúcar de Barrameda TVi